Opiniones
Nueve personas que hoy
ya están dentro
No son valoraciones de cinco estrellas. Son ex-alumnos contando, con sus palabras, cómo fue preparar esta oposición y qué cambió cuando aprobaron.
Mi vivencia con Alfredo durante mis años de preparación fue memorable. En 2012 me quedé fuera del corte final por una sola milésima; Alfredo detectó un error en la corrección del examen y me acompañó permanentemente en la larga batalla que mantuve con la Administración hasta el reconocimiento final en 2016, situándome en el número 26 de la promoción. Pero no se conformaba con esperar la resolución judicial: me motivó, a pesar de mi profunda decepción, para que continuara estudiando en esos años difíciles en los que no publicaron convocatorias, y aprobé la siguiente, la de 2014, en el puesto 47. Ahora me une a él una sincera amistad. Es una persona a la que admiro y respeto. Alfredo Suárez cambió mi vida y la de mi familia.
Soy Patricia, de la promoción de 2016. Me preparé con Alfredo y con él cumplí mi objetivo de ser funcionaria de prisiones. Recibí un trato totalmente personalizado tanto en las clases presenciales como por teléfono o email cada vez que lo necesitaba. De él destaco su profesionalidad, su experiencia y su calidad humana. Fue un camino difícil porque trabajaba y estudiaba, pero no tengo ninguna duda de que, gracias a él, hoy estoy donde debo estar.
Desde muy joven tuve claro que quería ser funcionario. Lo que me costó encontrar fue la oposición y el profesor adecuados, hasta que en 2005 Alfredo y su enorme carisma se cruzaron en mi vida. Me convenció con su metodología: su experiencia y su pasión por el mundo penitenciario, sus explicaciones magistrales, un temario, tests y casos prácticos completísimos, y el compañerismo con el resto de alumnos. Fueron dos años de enorme sacrificio compaginando trabajo y estudios, pero pasaron rápidos, guiados por Alfredo. Desde entonces soy funcionario y mi vida cambió a mejor, enormemente a mejor.
«A menudo los caminos difíciles conducen a hermosos destinos»: esta frase define a la perfección mi experiencia, y nunca hubiera sido posible sin la impagable ayuda de Alfredo, que siempre confió más en mí que yo misma. Llegué sin conocer absolutamente nada de prisiones; fui a una primera clase, me regaló mi Reglamento Penitenciario y me senté a oírlo. No entendía nada, pero salí con el convencimiento absoluto de que era esa y no otra la oposición que debía preparar. Hoy mi trabajo se ha convertido en mi pasión.
Decidí estudiar esta oposición cuando aún hacía bachillerato. Estuve a punto de dejarlo porque me impactó la cantidad de temario, pero Alfredo consiguió animarnos y motivarnos de una manera feroz. Desde el principio hizo que entendiésemos el organigrama del temario, nos enseñó a controlar el tiempo en los exámenes y nos impuso un ritmo de estudio, que para mí es lo más importante que aporta prepararse con alguien y no por libre. Sus clases eran amenas y productivas gracias a su experiencia en el medio. Hoy llevo 13 años en el Cuerpo y es la mejor elección que pude hacer.
Mi llegada al mundo penitenciario vino de la mano de mi pareja, que ya era funcionario y había aprobado con Alfredo. Recuerdo lo motivado que llegaba siempre de las clases, así que me uní. Me encontré con una persona que además de ser un gran instructor es muy entusiasta con su trabajo, entusiasmo que transmite a cada uno de sus alumnos. Su motivación, su implicación, su conocimiento del medio y su compromiso hacen de Alfredo el mejor preparador. Hay sacrificio, sí, pero un buen timonel al mando es fundamental.
Si hay una persona adecuada para asesorarte en esta oposición, esa es sin duda Alfredo. Tiene una dilatada carrera profesional en Instituciones Penitenciarias y, aparte de la experiencia, cualidades como la dedicación y el compromiso, además de un trato muy cercano y humano. Lo que más valoré fue su capacidad para motivarte y conseguir que te centres en tu objetivo: aprobar.
Fue un gusto dar clases contigo, Alfredo. Que te guste tanto tu trabajo y dar clases marca una auténtica diferencia. Cada día feliz y orgulloso de lo conseguido gracias a ti.
¡Qué grande, Alfredo! Yo iba desde Málaga para sus clases y mereció muchísimo la pena. Eternamente agradecida.
¿Y si el próximo nombre es el tuyo?
Todos empezaron con una conversación. Cuéntame de dónde partes y te digo qué tienes por delante.

